Estudio de Rafael Rubio

Puerta de entrada al estudio. Foto de Ramón Rivera.

Puerta de entrada al estudio. Foto de Ramón Rivera.

Otro de los lugares surgidos de una iniciativa privada y con indiscutible valor patrimonial es el estudio del artista Rafael Rubio Santoyo. Construido en las faldas de la sierra, muy cerca del lavadero del Nacimiento, este lugar sorprende por sus innumerables detalles y adaptación al entorno. Resulta un ejercicio muy complicado intentar expresarlo con palabras, tan difícil como a él le resulta explicar su idea de arte, porque Rafael se ve reflejado en la corriente que trasciende del lenguaje verbal, precisamente porque éste es incapaz de servirle para expresar sus sentimientos y tampoco le permite conocer y relacionarse con el medio ambiente. Lo de este lugar, un antiguo olivar “domesticado” y convertido en un espacio para los sentidos podemos resumirlo como la simbiosis entre arte, artista y naturaleza.

Jardines del estudio del escultor Rafael Rubio

Jardines del estudio del escultor Rafael Rubio

El objeto encontrado que Duchamp popularizó es para Rafael base y soporte de sus creaciones. Toda una vida recogiendo y guardando objetos que otros ya no necesitaban… es como si hubiera sabido desde el primer momento en qué lugar y de qué manera los colocaría cuando acometiera el proyecto de su estudio, el sueño de su vida. Rafael ha utilizado sillares, piedras, rejas o maderas desechadas que han terminado encontrando aquí un lugar digno para continuar siendo útiles y para que su sencilla belleza contribuya a ese “todo” insertado en el entorno de su niñez, donde ha conservado los centenarios olivos y los árboles de siempre continúan ofreciendo sus frutos; granadas, serbas, higos, uvas, melocotones, albaricoques, membrillos…

Un lugar con el que también podemos rememorar a Dalí y a la casa que construyó en Port Lligat, donde tienen cabida hasta los escombros arrastrados por la tormenta. Un caos ordenado donde cada planta tiene sentido en ese y no en otro lugar y donde el agua, cómo no, juega un papel protagonista, aunque apenas baste con un incesante goteo sobre la alberca del nenúfar, o con una fina lámina donde se reflejen las enredaderas y las margaritas… y la luna…

Enormes riscos cuidadosamente colocados que nos recuerdan esos  bravíos “espinazos” rocosos de las crestas de la sierra, mampuestos que mezclan cerámica y otros materiales… complicados aparejos… perfecta armonía en un alarde de imaginación y buen gusto. Todo encuentra aquí su sitio, las pilas de piedra, los viejos capiteles, piedras de molino… objetos felizmente encontrados por la persona idónea… la misma que permite que los pájaros alegren el lugar sin necesidad de estar encerrados porque, por mor de ese surrealismo, las jaulas tienen aquí las puertas abiertas y sólo sirven para acoger lámparas que alumbran las tertulias durante las cálidas noches de verano…

Jardines del estudio del escultor Rafael Rubio

Jardines del estudio del escultor Rafael Rubio

… y la escultura… la figurativa y la abstracta. La realizada en barro o en metal. Bustos, figuras y efigies femeninas, relieves, grupos escultóricos… Y el metal hecho arte. El engarce de las piezas de las maquinarias de caducas industrias con los aperos de labranza y, a veces con  piedra u otros materiales que transmiten sugerentes mensajes, como una especie de piedra verde que a modo de valiosa joya está inserta entre dos piezas de acero y que pese a la aparente nobleza no es más que una de las escorias de vidrio cuidadosamente seleccionadas por Rafael cuando nos acercamos al solar de aquella industria vidriera local. Una abstracción que en algunos casos y aunque parezca contradictorio se vuelve figurativa… es lo que tiene el arte del objeto encontrado, que donde hay viejos arados, tuercas y otras piezas de metal, bien engarzadas pueden parecerse a una raspa de pescado o a una gigantesca mantis…

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