Casa de Cerdá y Rico

La casa de Cerdá y Rico. Fuente: Julio A. Cerdá

La casa de Cerdá y Rico. Fuente: Julio A. Cerdá

La importancia de este emblemático edificio radica en que se trata del primero que se construyó en Cabra con caracteres historicistas, abriendo paso a esa transformación en la edilicia doméstica que hoy caracteriza las calles más céntricas del municipio. Fue pionero también en esto Arturo Cerdá y Rico.

Detalle de uno de los surtidores que había en la casa de Cerdá y Rico. Fuente: propia.

Detalle de uno de los surtidores que había en la casa. Fuente: propia.

De fuerte acento clasicista, esta casa está inspirada en una casa sevillana de la familia Mensaque del conocido barrio de Triana. En el exterior combina la cantería -con grandes sillares- y el ladrillo, dando como resultado una elegante  fachada principal (calle de La Palma). En su interior, se organizan las habitaciones en torno a un patio cerrado con una montera de cristal y con un entresuelo del mismo material, con lo que se permite que la luz cenital llegue a la planta baja. Contaba, hasta su profunda intervención, con un amplio muestrario de cerámica sevillana, de la casa Ramos Rejano, cuyo dibujo, distinto según los diferentes paños como suele ser habitual en tantos edificios sevillanos, sirvió en numerosas ocasiones de fondo para los muchos bodegones que realizó. Esta casa también fue la primera en la que se instaló agua corriente, de ahí que  hubiera dos surtidores, uno en cada planta. Cuenta con una airosa escalera y también fue la primera casa de Cabra en emplear el acero en su construcción.

La planta alta de la casa de Cerdá. Fuente: Julio A. Cerdá.

Aspecto original de una de las estancias de la planta alta. Fuente: Julio A. Cerdá.

Arturo Cerdá y Rico en el cuarto de los retratos. Fuente: colección Cerdá y Rico.

Arturo Cerdá y Rico en el cuarto de los retratos. Fuente: colección Cerdá y Rico.

Pero el “sancta santorum” de la casa de Cerdá era el amplio cuarto para el revelado fotográfico y obtención de copias y ampliaciones; esta habitación-laboratorio disponía de tres grandes cristaleras redondas, cada una provista de un sólo cristal -rojo, verde y transparente, respectivamente- que podían igualmente cerrarse cada uno en toda o parte de su superficie, según el proceso fotográfico a desarrollar en cada momento -el propio Cerdá decía que su casa era un gran artilugio para ampliar fotografías, pues por entonces tales ampliaciones se realizaban exclusivamente utilizando la luz solar-. Esta habitación estaba situada en la planta superior, más o menos donde hoy se encuentra el ascensor.

Un aspecto actual de la planta baja. Fuente: Ramón Rivera.

Un aspecto actual de la planta baja. Fuente: Ramón Rivera.

Desde su rehabilitación se ha convertido en un dinámico centro cultural que cuenta además con una exposición permanente de cámaras fotográficas, así como con paneles informativos para ilustrar al visitante acerca de la dimensión y talla artística de nuestro pionero de la fotografía.