Arturo Cerdá y Rico

(1844-1921. Pionero de la fotografía)

Autoretrato de Arturo Cerdá y Rico. Fuente: colección Cerdá y Rico.

Autoretrato de Arturo Cerdá y Rico. Fuente: colección Cerdá y Rico.

Arturo Cerdá y Rico nació en Monóvar (Alicante) el 11 de Octubre de 1844, y murió el 15 de Febrero de 1921 en Cabra del Santo Cristo (Jaén). Cerdá era hijo de unos ricos propietarios y comerciantes de Monóvar. En su adolescencia fue enviado a estudiar al colegio de los Agustinos de San Lorenzo del Escorial (Madrid) y más tarde fue a estudiar medicina a la facultad de San Carlos de Madrid. Uno de sus hermanos era hombre de confianza del Marqués de Salamanca, -en aquel entonces se estaba construyendo el ferrocarril entre Linares-Baeza y Almería y se ocupaba de las innumerables contrataciones que la empresa ferroviaria efectuaba-. Era un poco mayor que Arturo y sufrió una repentina enfermedad que requirió la presencia de su hermano médico a su lado –por entonces ejercía la medicina en Cox, su primer destino-. No sabemos con certeza que pasó con el hermano enfermo, pero la visita y la presencia de Arturo en tierras jienenses marcó definitivamente su vida. El joven Arturo conoció y se enamoró de Rosario Serrano Caro, una rica heredera nacida en Ubeda (Jaén), que poseía muchas propiedades y una gran fortuna en Cabra del Santo Cristo, donde residía con su familia. Se casaron en Granada el día 6 de Octubre de 1872. En Cabra del Santo Cristo ejerció Arturo Cerdá como titular de médico-cirujano y mas tarde como forense, ocupándose también de administrar las haciendas de su propiedad.

Su dedicación a la fotografía fue intensísima, de tal manera que dedicó gran parte de su tiempo y fortuna a su práctica. En 1900 construyó una nueva casa, en la C/ de la Palma nº 12, de estilo modernista pensada y diseñada para la fotografía. Este edificio lo construyeron albañiles de Monóvar expresamente trasladados para tal efecto y estaba inspirada en una bellísima casa sevillana del barrio de Triana, de la familia Mensaque. Presenta una planta cuadrada con una inmensa montera central que ilumina un patio de luz central donde se asoman todas las habitaciones, dicho patio tiene el suelo de cristal para iluminar la planta baja con luz natural. El laboratorio, tenía tres ventanas redondas con postigos, orientadas al mediodía, una con vidrios rojos, otra verdes y la tercera blancos, con objeto de poder trabajar con material ortocromático, pancromático o con la luz del día, de tal manera que podía conseguir efectos diferentes sobre los negativos. Cerdá participó en multitud de concursos donde obtuvo muchos premios y galardones, entre los que destacan los primeros premios de Valencia 1906, Madrid 1908, Londres 1909, París, etc…

Cerdá, hombre culto e inquieto estuvo muy interesado por el arte en general, organizaba veladas literarias en su casa y se rodeaba de artistas y escritores de la época. Mantuvo una interesante correspondencia y amistad con pintores como Sorolla, Cecilio Pla, López Mezquita, Rodríguez Acosta, Martínez Victoria, etc…

Su preferencia técnica era sobre todo la fotografía estereoscópica –con el veráscopo de Richard y el taxiphote- donde demostró su maestría. También se recreó en otras técnicas como la autocroma de Lumière. Fue pionero de la fotografía en color. Colaboró en muchas publicaciones, sobre todo con la revista giennense “Don Lope de Sosa” donde se publican muchos de sus trabajos, -incluso después de su fallecimiento, en Marzo de 1921- emotivo fue el artículo que le dedica a su muerte el director de esta publicación D. Alfredo Cazabán –cronista de la provincia de Jaén y gran amigo de Cerdá-; también colaboró con la revista londinense “Photograms of the Year” que publicó varios de sus trabajos, con “La Fotografía”, dirigida por Antonio Cánovas del Castillo “Kaulak”, “Graphos Ilustrado”, “Photos”, “La Fotografía Ilustrada”, etc., con temas como el retrato, paisajes, costumbrismo y composiciones.

Arturo Cerdá sobrevivió muchos años a su esposa Rosario que falleció en Cabra el día 18 de Junio de 1902. Decidió entonces repartir la herencia entre sus hijos a cambio de una asignación mensual. Eso le permitió disponer de todo el tiempo y los recursos suficientes para dedicarse en cuerpo y alma a la fotografía y a viajar por toda España, Francia, Italia, Marruecos, y sobre todo a Granada donde gozaba de la amistad de los artistas de la época.

Al morir, el inconmensurable archivo fotográfico fue troceado entre los descendientes. La inmensa mayoría de los negativos y positivos de cristal se encuentran repartidos entre sus herederos andaluces. Otra parte mucho menos cuantiosa la heredaron los hijos que vivieron en Monóvar, y otra parte no menos importante repartida por toda España entre los herederos de sus amistades, compañeros de inquietudes culturales, o apasionados por la fotografía con los que era frecuente el intercambio de sus trabajos.

La inmensa mayoría de estas fotos están realizadas en Cabra del Santo Cristo, muy interesantes las etnográficas sobre trabajos agrícolas-ganaderos, esparto, fiestas, procesiones, oficios, vida cotidiana del pueblo, los impresionantes contraluces con Tremedad, sus hijas y Julianillo, las pictoricistas en su huerto o los cuadros costumbristas en el patio de la casa parroquial etc…

Arturo Cerdá tenía la costumbre de envolver cada cristal negativo en un papel sobre el que anotaba el número, la fecha y el motivo. Algunos cristales han perdido su envoltorio y otros están en peligro como consecuencia del desprendimiento de la emulsión, aunque en general, y teniendo en cuenta que tienen un siglo están bien conservados y nítidos.

Cerdá hombre meticuloso y con una buena formación científica, se dio cuenta de la importancia que la fotografía tenía desde el punto de vista cultural y etnográfico, antropológico, a diferencia de otros fotógrafos de su tiempo, que se quedaron en aspectos meramente artísticos del arte fotográfico. Cerdá insistió en retratar el pueblo llano en sus quehaceres más cotidianos, los oficios, los trabajos, las fiestas, y los acontecimientos meteorológicos de su tiempo con la obsesión de fijar con su máquina el instante preciso y concreto, a veces componiendo verdaderos cuadros impresionistas, costumbristas, y otras componiendo escenas de un finísimo humor entre las que destacan las series con sus nietos y las de los monaguillos. Esa necesidad de salvaguardar la memoria visual que Arturo Cerdá tenía ahora hace exactamente cien años, nos hace deudores con él, de éste homenaje.

Varios son los libros que han salido a la luz: “Del Tiempo Detenido”  “la fotografía etnográfica giennense del Dr. Cerdá y Rico”, primera de una trilogía que recoge una cantidad importante de fotografías de Jaén y provincia. Uno de sus autores es el anteriormente nombrado Julio Arturo Cerdá Pugnaire además de Manuel Urbano Pérez-Ortega e Isidoro Lara Martín-Portugués, los tres grandes conocedores de su obra. Su publicación, tiene una doble finalidad: reparar la injusticia que se ha cometido con este artista hasta ahora ignorado y plagiado, –sus fotos se han publicado y comercializado en muchos casos, sin ni tan siquiera nombrar su autoría- y mostrar a todos los cabrileños las imágenes de nuestro pueblo de hace un siglo. “Registro de Memorias”, es el segundo libro, en este se destaca la faceta más artística de Cerdá.

El 27 de Julio de 2001, gracias a la iniciativa del Exmo. Ayuntamiento  fue nombrado hijo adoptivo con carácter póstumo de Cabra del Santo Cristo, y en abril de 2002 un grupo de cabrileños encabezados por Ramón López Rodríguez fundan la Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico.

 Texto; Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico

  • Documental “Arturo Cerdá y Rico, memoria de Sierra Mágina”
  • Una galería fotográfica de Cerdá y Rico a modo de “botón de muestra”