Basado en: Prensa histórica (Diario IDEAL, agosto de 1950)
Cuando se cumplen 76 años de uno de los sucesos más dramáticos de nuestra historia, publicamos este artículo basado en las noticias recogidas por el diario Ideal sobre la conocida «tragedia de la nube». Este episodio, que ya abordamos en una entrada anterior sobre las lecciones de la madre naturaleza, vuelve hoy a nuestras páginas para cumplir con la promesa que dejamos pendiente en nuestro recorrido por la memoria del pueblo a través de los sucesos publicados en prensa.
El viernes 11 de agosto de 1950 quedó marcado con letras de luto y dolor en la memoria colectiva de Cabra del Santo Cristo. Durante aquella calurosa jornada estival, una pavorosa tormenta de dimensiones descomunales descargó sobre la localidad, desencadenando una riada súbita que arrasó hogares, sepultó olivares y costó la vida a siete personas, conmoviendo profundamente a toda la opinión pública de la época.
Como expresábamos en anterior artículo basado en las noticias que publicó el diario ABC, «Las imprecisiones son notorias, pues la tormenta no se produjo de madrugada, ni todas las víctimas pertenecían a la misma familia, informándose también en la escueta nota y dedicándole además casi el mismo espacio que a las víctimas, sobre los cultivos arrasados y una única infraestructura afectada, la carretera de la estación, obviando cualquier información sobre el fallido canal. Sin duda resulta muchísimo más precisa si queremos conocer en detalle lo que sucedió la información que nos ofrece el pliego de cordel que escribió Lorenzo Hernández, conocido por todos los cabrileños como “el romance de la nube”, no obstante los datos que publicó el diario Ideal sí se ajustaban más a la realidad.
El estallido del temporal y la rotura del canal
La tormenta comenzó al caer la noche del día 11 con un imponente aparato eléctrico, fuertes truenos y una densa cortina de agua torrencial. Las calles de la población se anegaron con rapidez, alcanzando en pocos minutos alturas superiores al medio metro. Sin embargo, el epicentro del desastre humano tuvo una causa clara que los corresponsales de IDEAL detallaron en los días posteriores.
Años antes, con el objetivo de resguardar el casco urbano de las avenidas pluviales, se había construido un canal de desviación diseñado para recoger las aguas procedentes de Sierra Cruzada y del Cerro de San Cristóbal. No obstante, el volumen de agua caído aquella noche sobrepasó cualquier estimación previa. La infraestructura se tornó trágicamente insuficiente, lo que provocó la fractura y rotura del canal. Millones de litros de agua, lodo y piedras se precipitaron barranco abajo, directo hacia una zona donde se asentaban numerosas cuevas que habitaban familias muy humildes, inundándolas por completo.


Las víctimas de la riada
La violencia del torrente sorprendió a los vecinos en el interior de sus viviendas sin darles margen para ponerse a salvo. La tragedia más desgarradora se concentró en la humilde morada de la familia de Bartolomé Zamora Belmonte. En el momento de la avenida, los jóvenes vecinos Juana y Alfonso Ortega Sorroche (de 14 y 15 años), al ver que su propia casa se inundaba, buscaron refugio en la vivienda de Bartolomé, con tan fatal fortuna que la riada la anegó por entero de manera inmediata.
El balance en este inmueble fue devastador: cinco hermanos de corta edad perecieron ahogados en el acto. Las víctimas fueron identificadas como *Beatriz Zamora Quiñones, de 17 años, y sus pequeños hermanos *Ramón (15 años), Manuel (7 años), Basilia (5 años) y María (3 años). Lograron salvarse milagrosamente la madre de los niños, María Quiñones, y los dos jóvenes vecinos que habían entrado a refugiarse.
En otra zona afectada, la fuerza de las aguas destruyó la terraza de la vivienda del relojero local Blas Hermoso. Al advertir el peligro inminente, el matrimonio intentó cruzar junto a sus cinco hijos hacia una casa colindante a través de los tejados. Los hijos lograron ponerse a salvo, pero la fatalidad atrapó a la pareja. Tanto Blas como su esposa, Bernardina Sanjuán Copado, fueron arrastrados por la monumental corriente.
El cadáver de Bernardina fue localizado en los alrededores del pueblo pocas horas después. Sin embargo, el cuerpo de Blas Hermoso fue arrastrado por la corriente a lo largo de kilómetros, siendo hallado días más tarde completamente destrozado cerca de la línea férrea de Jódar, en el término municipal de Úbeda, ya integrado en el cauce principal del río Guadalquivir. Pudo ser identificado únicamente por una cojera que padecía en vida.



Daños materiales y respuesta institucional
Los daños materiales fueron calificados por las autoridades como «abrumadores e incalculables», superando la considerable cifra para la época de tres millones de pesetas. Inmediatamente, la carretera que conectaba el pueblo con la estación ferroviaria quedó cortada por grandes rocas y fango, y los accesos hacia la carretera de Úbeda e Iznalloz (El Puerto) sufrieron destrozos tan graves que los vehículos se veían obligados a dar una gran vuelta por la estación de Huelma para acceder al municipio. En el sector agrícola, los informes periciales determinaron la pérdida absoluta del 80% de la producción olivarera de la zona, quedando el porcentaje restante severamente dañado, mientras que las huertas y cultivos de hortalizas resultaron completamente arrasados por el barro.

De inmediato, el gobernador civil interino de Jaén, Juan P. Gutiérrez Higueras, acompañado del señor Solla Pedrajas, se trasladó al lugar para coordinar las labores de auxilio y presidir el entierro de las víctimas, que concitó el dolor unánime del pueblo. Instituciones de toda la provincia respondieron a la catástrofe; por ejemplo, la Comisión Permanente del Ayuntamiento de Jaén aprobó una partida de socorro de 500 pesetas en respuesta a la petición de auxilio económico realizada por el alcalde de Cabra del Santo Cristo para mitigar la miseria de los damnificados.
La amenaza latente: un año después
La catástrofe de 1950 dejó una honda herida física en el entorno urbano de Cabra del Santo Cristo que no se solucionó con rapidez. Justo un año después, en agosto de 1951, nuevas tormentas estivales volvieron a azotar la localidad, encendiendo todas las alarmas. El domingo 2 de septiembre de 1951, el nuevo gobernador civil de la provincia, Felipe Arche Hermosa, realizó una inspección de urgencia en el municipio.
Al visitar el canal de desviación del barranco, la máxima autoridad provincial constató con gravedad que la infraestructura continuaba completamente destrozada y colmatada de arena y piedras de gran tamaño debido a la inacción o falta de recursos para su reconstrucción definitiva. La situación se describió en la prensa como una amenaza de «catástrofe mucho mayor». Cualquier nueva avenida pluvial de consideración se habría traducido inexorablemente en una nueva tragedia humana debido al desamparo en que se hallaban los hogares del sector.
Ese fue el detonante para que se acometieran las obras de canalización del barranco de Las Cuevas, que no serían inauguradas hasta cinco años después.

Fuentes:
- Diario IDEAL (Granada), Edición del domingo 13 de agosto de 1950, págs. 1 y 3 (Crónica inicial del desastre y despacho oficial del Gobernador).
- Diario IDEAL (Granada), Edición del martes 15 de agosto de 1950, págs. 1 y 2 (Reportaje gráfico de los olivares, las víctimas y detalles de la aparición del cadáver de Blas Hermoso en Úbeda).
- Diario IDEAL en Jaén, Edición del jueves 24 de agosto de 1950, pág. 5 (Acuerdos del cabildo municipal de Jaén y donativos de auxilio para los damnificados).
- Diario IDEAL en Jaén, Edición del jueves 20 de septiembre de 1951, pág. 8 (Crónica de la visita de inspección de Felipe Arche Hermosa ante los nuevos destrozos del canal y el riesgo de repetición).



