El Arroyo Salado

La práctica totalidad de nuestro término municipal drena sus aguas hacia el Guadiana Menor, siendo Cabra, junto a Larva, los únicos municipios de Sierra Mágina cuyas cuencas desaguan en este importante afluente del Guadalquivir. Al Sur, el barranco de Ocaña, también conocido como Gante, mantiene un curso regular de agua que desemboca en el río Guadahortuna, en las inmediaciones del Hacho, mientras que la Rambla de Los Ciruelos lo hace en el mismo río, pero aguas abajo, en las inmediaciones de Alicún de Ortega. El resto de nuestra cuenca es tributaria del Arroyo Salado, que articula el término municipal de Sur a Norte.

El cerro de Los Chotos es rodeado por la izquierda por el barranco del Abad, que tras pasar por la cerrada del Gamelloncillo recibe las aguas del barranco del Candelero. Fuente: propia.

Nace en la Sierra Cruzada, denominándose este primer tramo “Barranco del Abad”, que tras rodear por el Sur los cerros de Prisco y de Los Chotos, tomará la dirección Norte hasta su desembocadura, que aún dista unos veinte kilómetros desde este punto. Después del Gamelloncillo le entran por la izquierda las aguas del barranco del Candelero, donde se encuentra el manantial del Molino Barranco y donde había dos molinos cuyo rodezno movía las aguas de este caudal que era regular durante todo el año, antes de que las prospecciones de los numerosos pozos para regadío mermaran el acuífero. En este tramo, nuestro cauce ya es conocido como arroyo del Royo, aunque en determinados momentos también se le ha denominado arroyo de don Francisco.

Molino Peral, uno de los dos molinos de rodezno que movían las aguas nacidas en el Molino Barranco. Fuente: propia.

Encajonado bajo el cerro de La Umbría recibirá a continuación las aguas del Arroyo Santo, una vez que a la izquierda queda sobrepasado el Cerro Molino. Los olivares y los huertos se extienden por unas fértiles zonas irrigadas por estos cursos de agua que poco más abajo se adentrarán en unas tierras donde las aguas se volverán salobres, de ahí que históricamente se explotaran aquí unas salinas. Eran aquellas ancestrales salinas de interior, que muy probablemente se explotaran desde antes de los romanos, donde se disponían las eras en varios niveles, conduciéndose el agua desde el arroyo, aguas arriba, por medio de acequias para que llegara por gravedad. La evaporación de éste agua salada por insolación dejaba la sal lista para su recolección.

El curso del arroyo del Royo bajo el cerro de La Umbría. Fuente: propia.

Un poco más abajo de la salina estaba el tejar y entre medias le llegaban las aguas de los tributarios arroyos del Nacimiento y de Las Cuevas, que históricamente han dado de beber a los habitantes de Cabra e irrigan las tierras de La Loma del Sitio y Llanoquesada. El tejar es una explotación de la que ya se habla en el catastro de Ensenada donde se fabricaban tejas, ladrillos y baldosas utilizando la arcilla del arroyo, que por aquí ya recibe el nombre de Arroyo Salado.

Salina de Jesús. Fuente: Arturo Cerdá y Rico.
En el tejar del Royo. Fuente: Arturo Cerdá y Rico.

Una vez más la obra de Cerdá y Rico se manifiesta como una fuente fundamental para el conocimiento de trabajos hoy desaparecidos, en lo que supone un muestrario único que recoge todos los oficios de aquellos cabrileños de los albores del siglo XX.

La Huerta de Jaime vista desde la era de la Viñuela Baja. Fuente: propia.

El barranco del Agua desemboca en las cercanías de la Huerta de Jaime, en cuyas inmediaciones también hubo un molino conocido como El Molinillo, que fue fundado por la Madre Marta de Jesús y que estuvo operativo hasta después de la Guerra Civil. A continuación, donde cruza la carretera que va desde Cabra a Larva le entran por la derecha las aguas del barranco del Saltadero, que rodea el cerro del Chantre y recoge las aguas provenientes del Este del término municipal, de toda la vertiente que hay al otro lado de los cerros de La Umbría y del Chantre cuya divisoria marca La Cumbre. Más adelante le llegará por la izquierda la Rambla Grande y pronto se encajonará por la zona cercana a la dehesa de San Pablo, donde lo cruza el impresionante viaducto del Salado, que con sus 110 metros de luz fue la obra metálica más alta de Europa cuando se inauguró en el año 1899. Aún continuará el Arroyo Salado por término de Cabra por espacio de más de tres kilómetros, donde confina con el de Úbeda en las inmediaciones del lugar donde se le une el barranco del Pinar Negro. Desde aquí, algo más de dos kilómetros nos separan de la desembocadura en el Guadiana Menor, junto a la Venta de San José.

El barranco y puente del Salado vistos desde la cumbre de Las Dos Hermanas. Fuente: propia.

Si hay un accidente geográfico que articula el término municipal de Cabra del Santo Cristo es el Arroyo Salado, o Arroyo del Royo como es conocido el curso en su primera fase, antes de que sus aguas alcancen la vieja salina de Jesús. Un curso de agua que ha irrigado los campos circundantes y donde se han desarrollado otras actividades económicas a lo largo de la historia que es como una profunda cicatriz en el territorio. Una especie de arteria que recorre nuestro término municipal de Sur a Norte, hundiéndose en el terreno a medida que avanza y que se hizo célebre cuando en 1899 se inauguró el famoso viaducto que lleva su nombre.

Puente ferreo de Arroyo Salado. Fuente: propia.
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