Cabrilla y la gran factoría de vidrio del sureste

Imagen destacada: Mapa geográfico del Reyno de Jaén, dividido en los Partidos de Jaén, Baeza, Úbeda, Andújar, Martos y las Poblaciones… (año de 1787)  -detalle-. Biblioteca Digital de la Real Academia de la Historia

Lo que comenzó con una investigación que, utilizando el Catastro de Ensenada como principal fuente ubicaba en Cabra un horno de vidrio que funcionó durante el siglo XVIII, ha continuado con nuevos estudios que arrojan como principal conclusión que no es preciso circunscribir a una localidad concreta esta actividad económica como algunos historiadores han mantenido durante las últimas décadas, sino de vidrio del sureste, pues no hay ninguna fuente que dé carta de naturaleza a lo primero, mientras que son muchos más los indicios que apuntan a lo segundo.

Fácilmente identificamos como “vidrio de Castril” esas botellas, vasos de faltriquera, cantimploras, botes de farmacia, o damajuanas de color verde esmeralda que se conservan en varios museos y colecciones privadas.  Y sin duda, en Castril hubo una importante producción de vidrio entre los s. XVII y XVIII, aunque comprobaremos que no se trata del único foco activo; es más, en María se constata esta actividad en un rango temporal sensiblemente mayor, mientras que todo apunta a que Cabrilla y La Moraleda tuvieron hornos desde el siglo XVI. Y es que la abundante documentación que se conserva en los archivos nos permite hacer una composición bastante más precisa sobre la actividad vidriera en el sureste peninsular, que se puede considerar de primera magnitud dada la cantidad de localidades y de profesionales que intervinieron y el volumen comercial a que dio lugar.

Figura 1.- Una pieza de vidrio elaborado en Cabra.

Sagas de artesanos del vidrio como los Trigueros, los Gallego, los Gómez, los García Sevilla, los Rodríguez y otros muchos nos permiten constatar que la producción del vidrio en el sureste peninsular estuvo protagonizada por sagas familiares que se movían por los lugares donde podían desarrollar su profesión. Y todo parece indicar que estos modelos organizativos se iniciaron con los Espinosa, documentados en el s. XV en Quejigal y Cadalso de los Vidrios, desde donde pasaron a varias localidades de Sierra Mágina. Por tanto, estaríamos hablando de un marco espacio-temporal que desde las sierras del sur de la actual provincia de Jaén se prolonga, siguiendo el curso del Guadiana Menor, hasta la comarca de Los Vélez, alcanzando las montañas del sur de Murcia, y a lo largo de las cinco centurias que van desde finales del siglo XV hasta el último cuarto del XIX, más concretamente desde 1499 hasta 1878.

Vidrieros castellanos procedentes de las localidades de Cadalso y El Quejigal se fueron instalando en las zonas donde abundaban las materias primas durante los años previos a la capitulación de Granada, cuando algunos de estos vidrieros se establecieron en localidades de frontera como es el caso de Torres, donde Diego de Espinosa obtiene un privilegio para cosechar barrilla (planta necesaria para la obtención del vidrio) entre los términos de las ciudades de Úbeda y Guadix y otro para sacar arena y barro en el término de las villas de Huelma y Belmez. Una vez rendida Granada se repartieron por el viejo reino nazarí, de manera que este amplio territorio que se extiende por las sierras del sureste peninsular acogió una actividad que además de la materia prima requería de abundancia de leña, lo que pudo venir bien ante la necesidad de tierras de labor para los nuevos pobladores, de manera que algunas  localidades fueron creadas ex-novo, caso Valdepeñas -de Jaén-, o Cabra -luego, “del Santo Cristo”-, y otras fueron repobladas, caso de Montejícar, Guadahortuna, La Moraleda, Castril, o María.

Sabemos por Lázaro Damas que la producción de vidrio fue de corta duración en Montejícar y Guadahortuna y que se prolongó durante algunos años más en Huelma, Alcalá la Real y Valdepeñas. También sabemos por la misma fuente que determinados enclaves como Cuenca (Pozo Alcón), Arroyo Molinos (Quesada), Hinojares, Pinar de la Vidriera (Huéscar), Puebla de don Fadrique, o Campocámara (Cortes de Baza) contaron con hornos de vidrio, aunque, a tenor de los datos constatados y de los muchos indicios barajados su explotación fue efímera si la comparamos con las cuatro localidades objeto de esta investigación: Belmez de la Moraleda, Cabra del Santo Cristo, Castril de la Peña y María (figura 2).

Figura 2.- Cronograma de la explotación de hornos de vidrio en diversas localidades del sureste. Fuente: elaboración propia.

Como hemos adelantado, con esta investigación se demuestra lo erróneo de circunscribir esta actividad a una localidad concreta y se concluye la necesidad de abordar el estudio de la fabricación del vidrio en el conjunto de esta región, no en vano, ello nos llevará a descubrir que durante cuatro siglos esta zona albergó un sistema productivo basado en la explotación de las materias primas autóctonas -barrilla, arena, piedra y sal, además de la leña de lo que antaño fueron bosques- y que se dedicaron a esta actividad una serie de familias que perpetuaron el oficio, cohesionándose a base de lazos familiares y de relaciones de solidaridad.

La localización de todos estos centros, cerca de las masas forestales situadas junto a las montañas del sureste, unida al proceso repoblador por el que se roturaron buena parte de sus tierras suministraría la leña, materia prima fundamental para que los veladores mantuvieran los hornos las veinticuatro horas encendidos. El resto de materias primas llegaría de zonas más o menos cercanas, resultando fundamental el trabajo de los arrieros.

Pero de todos, hay un centro productor representativo que reunía en sus inmediaciones, además de la leña, la sal necesaria para la fabricación de sosa, la barrilla, la arena y las piedras para la construcción de los hornos y crisoles. Se trata de Cabra del Santo Cristo. Más concretamente el horno del Chantre, un lugar donde abundaba la leña y en cuya cara oeste la toponimia rememora la actividad vidriera en el barranco “del Arenero”, lugar muy cercano a la salina que estuvo en explotación hasta la segunda mitad del pasado siglo y que ya aparecía en el Catastro de Ensenada. No muy lejos, las canteras de asperón producían las piedras para los hornos, no sólo de Cabra, pues su presencia en la obra de la iglesia de Castril puede indicar su comercialización hacia otras localidades. Si además tenemos en cuenta el privilegio otorgado a Diego de Espinosa en 1499 para abastecerse de la barrilla que se producía entre los términos de Úbeda y Guadix, o que según el diccionario de Pascual Madoz se criaba esta planta en la cercana localidad de Alamedilla, constatamos la existencia de esta materia prima en los alrededores de Cabra. Con el color obtenido en la cercana Montejícar tenemos todas las materias primas necesarias para la fabricación del vidrio en el espacio más inmediato a Cabra, lo que convierte a esta localidad en epicentro de la producción vidriera del sureste peninsular. Para finalizar, incluimos también entre las materias primas las escorias de galena que procedentes de las minas de Linares y La Carolina se usaban como fundente en los hornos de Cabrilla.

Figura 3.- Mapa de las materias primas. Fuente: Google Maps (Elaboración propia).

Y es que recientes investigaciones de Eulalia Morral y quien suscribe constatan que en 1633 ya se fabricaba vidrio en Cabra, influyendo esta actividad en el urbanismo de aquella población que entonces se encontraba en constante proceso de crecimiento. Y aquí se nos antojan oportunas algunas reflexiones que nos llevan a sospechar que esta actividad podría estar establecida aquí desde los tiempos de la repoblación de la villa (1545), y que ya desde antes se obtuvieran aquí determinadas materias primas como la barrilla, la arena, o las piedras de asperón para los hornos.

Entre los profesionales del vidrio documentados en Montejícar, Huelma, Guadahortuna, Alcalá la Real y Valdepeñas en el s. XVI destacan los Espinosa (Juan, Pedro, Francisco y Hernando).  En 1546, recién llegados los primeros cincuenta vecinos a Cabra, Andrés Ribero de Espinosa adquiere una suerte y en 1561 ya es propietario de otras nueve más. La presencia de Miguel y Gregorio de Espinosa en el reparto de suertes de tierra de Cabra de 1561, y un siglo más tarde la de Juan de Espinosa en el padrón elaborado para el Privilegio de venta de Cabra del Santo Cristo por el rey a José de Sanvítores en 1659 podrían inclinarnos a sospechar que esta familia estuviera también detrás de un primer horno de vidrio en la localidad; recordemos que por entonces Valdepeñas acababa de cerrar. Pedro Trigueros hubiera podido trabajar con ellos, y/o quizá con Diego López, que figura en este mismo padrón y sabemos que en 1674 era propietario del horno de las instalaciones y tierras del Chantre (Figura 4) junto con su mujer Marina Alonso.

Figura 4.- Restos de la fábrica de vidrio del Chantre. Fuente: propia.

En el citado padrón de 1659, uno de los comisionados era Matías González, el escribano ante el que Pedro había escriturado su dote en 1650 y que en 1667 recibía poderes de Francisco Gallego, vidriero vecino de Castril.  Poderes para “demandar, recibir, haber y cobrar en juicio o fuera de él, de todas y cualesquiera personas así vecinos de esta villa como de la Moraleda y de otras partes de estos Reinos”.

El Chantre era propiedad en 1745 del baezano Andrés de la Fuentecilla. Tras él siguieron los García Sevilla hasta que en 1782 el horno pasó a Matías Ventura Rodríguez, hijo de Francisco Rodríguez (quien fuera escribano y arrendatario del horno de Bélmez durante el catastro de Ensenada); éste había sido el mayor enemigo del marqués de La Rambla, motivo por el que fue cesado como escribano, aunque poco después lideraría el complicado proceso por el que se terminaría emancipando la villa. Matías era en aquel momento alcalde ordinario de Cabra, aunque poco después tuvo que dejar la población como consecuencia de un desfalco que cometió en el pósito de la villa.

Sabemos perfectamente cómo era aquella factoría según la descripción que hay en uno de los pleitos que hemos consultado donde se detallan las pertenencias de don Francisco de la Fontecilla, quien por entonces era dueño de las dos terceras partes, mientras que la otra tercera parte la reivindica la capellanía fundada por Catalina de Quesada:

…las casas del dicho sitio con mas dos cuerpos de las principales, las dos terzeras partes de paxajes, de valsas, de molino, de almahasen para el vidrio, de hermita, doscientas fanegas de tierra de labor por dos terceras partes y por las mismas doszientas treinta y zinco olivas las dos terceras partes de los huertos todo baxo de cierto lindero también le dio en dicha venta la dicha Maria de Alameda el todo de la licencia y facultad absoluta de poder laborar y fabricar el vidrio según el Real Privilexio con que el horno se erixio el todo del Vso?? Y aprvechamiento de agua pastos leña y demás aprovechamientos que se contenían en el recinto particular y privativo del citado predio con el todo de las herramientas e instrumentos para poder fabricar el vidrio todo ello con sus entradas y salidas y pertenenzias…

El castastro de Ensenenada es aún más preciso, aunque obvia la existencia de una “hermita” u oratorio que el mencionado pleito si relaciona:

Una casa, orno de vidrio y aguafuerte que se compone de un portal grande en que están los obreros, tiene de frente 30 varas[10] y de fondo 10 (25 x 8,5 mts).
Dos casas de texa contigua la una de la otra se componen cada una de portal, un quarto baxo, cocina y cámara y cuadra tienen cada una de frente y fondo nueve varas, con esta se alla el almazen que es un qto.
Otras tres casas con techumbre de retama, se compone cada una de portal cocina, un quarto baxo y cámara, tienen todas de frente 18 varas y de fondo cada una 4 varas para la avitazion de oficziales.
Otra casa separada de las antecedentes, se compone de portal, cocina un quarto vaxo y camara techada de retama tiene de frente 6 varas y de fondo 4 para la avitazion de oficiales.
Otras 3 casas… idem anterior… de frente 18 varas y de fondo cada una 4… para la avitazion de los oficiales.
Otra casa que sirve de paxar, techada de retama tiene de frente 10 varas y 4 de fondo.
Otra casa molino de teja para moler la varrilla se compone de un portalon y una piedra, tiene de frente 8 varas y de fondo 5.

Figura 5.- El Chantre, Lugar donde se encontraba la fábrica de vidrio donde aún se conservan edificaciones de la época, así como el horno para obtener agua fuerte. Fuente: propia.

Calculando que cada horno podía superar las 240.000 vasijas/año, en el cénit de la producción, trabajando al mismo tiempo los hornos de María, el de Castril, el Chantre y Carvajal, el saldo arroja más de 2.000.000 recipientes que había que “sacar” y comercializar, lo cual indica la importancia del sector arriero asociado al vidrio para su transporte y comercialización en las localidades del entorno y hacia las capitales y puertos andaluces. Ello explica que lugares como Cabra, La Moraleda, o María se erigieran en el XVIII como verdaderos cruces de caminos y para ello basta consultar la cartografía histórica.

Con datos del Catastro de Ensenada, en María, a mediados del s. XVIII había 41 profesionales del transporte, en Castril 50 y en Bélmez 6.  En Jódar había 40 arrieros registrados, y Huéscar, con su lavadero de lana, atraía un tráfico de primer orden del cual la zona de Mágina también debió beneficiarse. En Cabra se dice que no los hay, pero en la comparecencia de fecha 11/12/1753 que sigue a dichas respuestas, donde los peritos especifican las edades y los precios de venta de los animales dicen que muchos son usados “en la labor y arriería”, luego hemos de suponer que ello tuviera que ver con el ahorro en el pago de impuestos.  Lo que podría indicar que el transporte era una actividad complementaria para muchos labradores, y también que podían acudir sacadores de otras poblaciones, además de los que traían la barrilla, o las escorias de galena procedentes de Linares que como hemos visto se utilizaron como fundente y que podían volverse con cargas de vidrio o de otras mercancías como el esparto, el jabón, o la piedra de asperón. Es más, en el mencionado pleito de 1739 se expresa claramente que eran muchos los que en Cabra se dedicaban a comerciar con el vidrio:

…resultando en grave perxuicio del Común, pues muchos vecinos, o los más de dicha villa y otros de aquellos contornos se ocupan, así en el trabajo de dicho horno, como en traficar los vidrios, cuio beneficio les está faltando el instrumento…

Por tanto, la actividad del transporte y comercialización de la producción ocupó a buena parte de la población, resultando llamativo el número de arrieros dedicados a ello. En el caso de Cabra, el catastro de Floridablanca si detalla nombre, apellidos y edad de cada uno de los cuarenta arrieros que había por entonces declarados -muchos de estos apellidos coinciden con los de los vidrieros-. Los mismos que arroja el catastro de Ensenada en Jódar y una cantidad muy parecida a los que había en María. Pero es que en Castril había cincuenta y en Bélmez otros seis. Tantos, que fundaron una cofradía gremial que ha perdurado hasta pasada la segunda mitad del siglo pasado, aunque lamentablemente no existe información sobre su fundación en el archivo parroquial de Cabra, lo que podría significar que fuera fundada en otra localidad y terminara radicándose en Cabra con el declive de la actividad. Dicha fundación podría datar de los años próximos a la llegada del lienzo del Cristo de Burgos, cuando ya había vidrieros establecidos en la población como hemos visto. Atendiendo a la mentalidad de aquella sociedad, resulta lógico que se fundara en pleno Barroco, aunque tampoco hemos de descartar que ello ocurriera en el siglo de la Ilustración.

Figura 6.- La bandera de la hermandad de los Arrieros, que recientemente fue adoptada como bandera de Cabra del Santo Cristo. Fuente: propia.

Estos intercambios no se limitaban por tanto a la actividad económica como así lo demuestra una foto de principios de siglo XX tomada en Castril de la Peña donde un cristo iconográficamente idéntico al de Burgos -o de Cabrilla- ocupa un espacio preferente (Figura 7). Mucho queda por investigar, pero esta imagen revela que aquellos intercambios, además de comerciales y humanos, también fueron culturales.

Figura 7.- Castril de la Peña; una procesión a principios de siglo XX donde se ve un lienzo con la iconografía del Cristo de Cabrilla. Fuente: Col. Matilde Valdivieso.

Conclusiones

Estamos por tanto ante una gran factoría del vidrio que se repartía por esta amplia zona que va desde Murcia hasta el Almanzora, y desde aquí hasta Sierra Mágina y la sierra Sur de Jaén. Un territorio donde la excelente disponibilidad de materias primas y los procesos repobladores abonaron el establecimiento de una actividad económica que se mantuvo a lo largo de cinco centurias. Una región donde se establecieron varias estirpes de artesanos castellanos y donde parece observarse un primer desplazamiento oeste-este en el s. XVI en la zona de Sierra Mágina y un segundo desplazamiento este-oeste en la zona de Caravaca y María ya entrado el s. XVII, probablemente en busca de una leña que se iba agotando y también de nuevas oportunidades para los hijos y parientes de los vidrieros en activo.

Ellos circularon por toda la zona, acudiendo a subastas y empleos y domiciliándose donde el oficio les llamaba, echando o no raíces y emparentándose a menudo con otras familias del mismo ramo, lo que sin duda contribuyó a su cohesión como colectivo. Una actividad que generó un importante comercio del que se beneficiaron otros colectivos como el de los arrieros o sacadores, quienes sí llegaron a congregarse en torno a una devoción -el Cristo de Burgos, o de Cabrilla- cuyo estudio estamos seguros que aportaría interesantes datos.

Una actividad vidriera que mantuvo durante mucho tiempo en María varias fábricas de vidrio y aguafuerte trabajando simultáneamente, mientras que la zona de Cabra y La Moraleda se está revelando como otro foco de gran importancia con varios hornos coetáneos y otros que parece que se sucedieron en el tiempo -en el caso de Cabra también se fabricó aguafuerte y jabón hasta finales del siglo XIX-. Castril, más cercana a Sierra Mágina y que parecería ser el siguiente punto en el desplazamiento hacia el este que hemos comentado, se vincula sin embargo a María en sus orígenes y se mantiene activo con profesionales de ambas zonas.

Apagados los hornos de poniente de Sierra Mágina entre mediados del s. XVII y del XIX el vidrio de María, Castril, Cabra y La Moraleda pudo alimentar sin competencia alguna de “vidrio ordinario” todo el sur peninsular, pues Cadalso miraba al centro y la Granja se dedicó al cristal. El final vino dado por los cambios tecnológicos y el nuevo modelo industrial que significó la fábrica de Santa Lucía de Cartagena, establecida en 1834 precisamente por descendientes de genoveses establecidos en la zona en siglos anteriores gracias al comercio de la barrilla.

Figura 8.- Localización de centros productores y flujos comerciales. Fuente: Google Maps (elaboración propia).

Para citar este artículo: MORRAL ROMEU, E. y LÓPEZ RODRÍGUEZ, R. El vidrio del sureste, entre Sierra Mágina y Los Vélez. Sumuntán, Revista del Colectivo de Investigación de Sierra Mágina, número 40. Jaén, 2023.


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