1870-1970, Un siglo clave para el desarrollo local

En el siglo XVIII Cabra supera los 2000 habitantes y en ello tuvieron mucho que ver dos actividades económicas, la industria manufacturera del vidrio así como la del esparto, de tal manera que el diccionario de Bernardo Espinalt y García (1787) dice de Cabra que…

“el principal comercio de sus habitantes consiste en labrar vidrio y esparto, y llevarlo á vender a los pueblos comarcanos”.

Ya entrado el siglo XIX decae la industria vidriera, pero la población se mantuvo casi inalterada. Todo pese a las desamortizaciones liberales que motivaron el cambio de mano de buena parte de las tierras, por lo que muchos antiguos aparceros se convirtieron en jornaleros sin tierra. En 1841 se incorpora la pedanía de Larva, hasta entonces dependiente de la vecina localidad de Quesada, por lo que el censo se eleva hasta los 2799 habitantes, pero será a partir de 1870 cuando comienza un imparable ascenso demográfico que se prolongará durante casi un siglo. Esa fecha se considera como el inicio de la transición demográfica en nuestro país, es decir, cuando se comienza el tránsito desde altas tasas de natalidad y también de mortalidad que motivaban un ascenso poblacional muy bajo, a mantener las altas tasas de natalidad, pero disminuyendo las tasas de mortalidad gracias a diversos factores (avances en la medicina, higiene, mejores condiciones sociales, etc.). De esta manera se comenzaría un incremento poblacional muy considerable.

 Es precisamente en 1870 cuando el gobierno toma una serie de medidas proteccionistas para evitar la masiva importación de esparto argelino, motivando el consumo del esparto nacional. Ello tiene su reflejo en la actividad económica cabrileña, de manera que el tirón de la exportación del esparto, favorecida por la posterior llegada del ferrocarril (muy a final de siglo) fue el verdadero desencadenante de aquella explosión demográfica que se prolongará hasta la segunda mitad del pasado siglo. Una actividad económica apoyada desde las Administraciones que se vio reconocida internacionalmente cuando el Ayuntamiento de Cabra del Santo Cristo recibió una mención honorífica en la Exposición de París de 1878, en la categoría 5ª de productos de las industrias agrícolas (industrias extractivas de productos de la explotación de los montes y de las industrias anejas) donde presentó el esparto crudo para su elaboración artesana e industrial, algo que nos da la medida del grado de implicación y compromiso de la Administración local con una industria que marcará los años de mayor dinamismo económico y demográfico, la centuria que abarca desde 1870 a 1970.

La llegada de mano de obra atrajo también a otras profesiones, de manera que en 1883, cuando Cabra contaba con 3472 habitantes había en la localidad, además de fábrica de esparto, otra de chocolate y tres de jabón, dos tejares y una explotación salinera, canteras de piedra y yeso, y entre las profesiones; dos maestros, un abogado, un armero, cuatro carpinteros, dos estanqueros, un farmacéutico, dos guarnicioneros, tres herreros, dos médicos (Arturo Cerdá era uno de ellos), seis panaderos, tres comercios de tejidos, tres veterinarios y cuatro zapateros. Esa proliferación de profesionales liberales, comerciantes y artesanos repercutió en la dinamización de la actividad cultural y ello tiene su reflejo en la existencia de dos casinos, “El Primitivo” y “El Recreo de Artistas”.

En el año 1897 eran ya 4349 los habitantes censados, una población que en gran medida ocupaba las casas-cueva que había en el casco urbano (Cuevas de Arriba y de Abajo), así como otras desperdigadas por el término municipal, como las que había junto a la estación de Huesa cuya población se dedicaba a la recolección de esparto. Las fotografías de Cerdá y Rico nos ofrecen una visión de una sociedad cuya actividad económica giraba en torno a la agricultura, aún con un fuerte peso del cereal, así, no sólo los trabajos protagonizan la obra, pues las escenas de aquellos jornaleros esperando en la plaza la llamada de los patrones para dar el jornal son una constante. La ganadería también ocupaba a un significativo número de cabrileños, pero era el esparto el otro pilar básico de la economía cabrileña, sustento de centenares de familias que se afanaban desde su recogida hasta su manufactura artesanal, ocupando a grandes y pequeños.

Cuando se inaugura el siglo XX Cabra ya cuenta con 4106 habitantes, de los que 3037 vivían en Cabra y el resto en su amplio término, que por entonces incluía el anejo de Larva. Ese aumento de población tiene su reflejo en la actividad económica, donde el cereal, el aceite y el esparto continúan contando entre las principales producciones. Para entonces, el ferrocarril ya se había convertido en medio de transporte habitual para comercializar estos productos y por supuesto que también para viajeros, lo que supuso cierto alivio para una población demasiado aislada y, aunque los precios no eran baratos para la época, al menos ofrecía la posibilidad de tomar el tren a quienes podían costearlo, para lo que ya existía un servicio de viajeros a la estación.

La actividad económica continúa en ascenso, de manera que para 1909 había, además de algunos funcionarios municipales y del clero, un cartero, dos maestros y un abogado. En torno al aceite había cinco molinos, cuatro cosecheros, un exportador y cuatro tratantes. Seguía habiendo un armero, tres barberos, una cantera de asperón y otra de yeso, una carnicería, cinco carpinteros, diez tratantes de cereal y un exportador, dos fábricas de chocolate y un conductor de la diligencia a la estación. Pero la actividad espartera seguía creciendo y para entonces ya contaba con siete esparterías, cinco cosecheros y dos tratantes. También había un farmacéutico, dos guarnicioneros, cuatro herreros, tres fábricas de jabón, dos médicos, tres mesones, un perito agrícola, un relojero, tres sastres, cuatro comercios de tejidos, dos veterinarios, tres tabernas y cinco zapaterías. Los tejares y las salinas cierran la lista de actividades económicas de aquella época tan dinámica y próspera que se mantendrá, con altos y bajos hasta la década de los sesenta del pasado siglo, cuando se produce el colapso de la industria espartera y comienza la sangría migratoria.

La actividad cultural mantiene los dos casinos, aunque para entonces ya habían cambiado de nombre, de manera que “El Primitivo” pasa a llamarse “El Independiente” y se mantendrá hasta mediados de siglo, mientras que “El Liberal”, que volverá a cambiar su denominación a “Artesanos” desaparecerá con la Guerra Civil. La actividad cultural no quedaba ahí pues durante estos primeros años de siglo ya existía un teatro denominado “El Sainete”, que estaba en lo que se conocía como “Casa de la Tercia”, en la confluencia de las calles Real y Moya.

Pero es en 1914 cuando se inaugura el lujoso “Salón Prim”, un bello teatro con platea y palcos que fue testigo de las primeras proyecciones de cine mudo y puso a Cabra en el circuito de algunas compañías de teatro y zarzuela. El Heraldo de Madrid publicó la noticia de su inauguración en estos términos:

Cabra del Santo Cristo (Jaén). En esta importante población se ha inaugurado un precioso teatro, propiedad de don Manuel Valenzuela, por la compañía de Zarzuela que dirigen los señores Cobos, Martínez Alonso y el maestro concertador D. José R. Pagón. Entre el escogido personal que compone esta compañía sobresale la tiple cómica Victoria Carrasco, la que en unión de las Señoras Osete, Flores y Haro, y de los Señores Cobos, Ripoll, García, Alonso, Haro y Martínez forman un conjunto artístico como no se ha visto en esta población”.

Después de la Guerra Civil pasó a denominarse cine “Paz”, permaneciendo abierto hasta comienzos de la pasada década de los ochenta, mientras que en 1952 se inaugura el popular teatro “Benavente” en el solar que ocupó hasta entonces el huerto de los Cerdá. El Benavente mantuvo su actividad hasta finales de los sesenta y aún es recordado como el lugar donde se celebraban animadas verbenas durante las fiestas de San Miguel. Hasta existió una compañía de teatro local, la denominada “Sociedad de Amigos del Arte”, que mantuvo su actividad hasta la Guerra Civil y cuyos espectáculos trascendieron lo local, ya que a menudo visitaron otros escenarios de la comarca.

En el año 1930 se alcanza una población de 6560 habitantes, bajando de los seis mil en el censo de 1940 (5817 habitantes), pero esta bajada no es motivada solamente por la Guerra Civil como resulta lógico pensar, sino por la emancipación del hasta entonces anejo de Larva. De todos modos, eran años durante los que la industria del esparto más creció y ello se refleja en el censo de 1950, cuando se alcanza el pico máximo de población con 6751 habitantes.

De manera abrupta cae la población durante los sesenta, cuando el periodo del desarrollismo coincide con la decadencia de las fibras vegetales y buena parte de la población empleada en nuestro sector secundario emigra, especialmente a Cataluña, pasando de los 5542 habitantes del año 1960 a los 3353 habitantes en el año 1970, década en la que se mantendrá la barrera psicológica de los 3000 habitantes, de manera que en 1981 quedaban censados 2895 habitantes. A partir de entonces se acelera la pérdida poblacional y en apenas una década disminuye de nuevo el censo hasta situarse en torno a los 2300 habitantes y de ahí a la actualidad la sangría demográfica ha continuado hasta llegar a los 1840 habitantes del censo del año 2018.

Proceso demográfico de Cabra del Santo Cristo desde su repoblación en 1545 hasta la actualidad. Elaboración propia.

Aunque este proceso es parecido en muchas zonas rurales del interior, Cabra lo acusa en mayor medida, pues tendríamos que remontarnos hasta mediados del siglo XVIII para encontrar una cifra semejante de población y en ello tiene mucho que ver ese colapso de la industria espartera. Precisamente, ahora que la Unesco ha reconocido la cultura del esparto como patrimonio inmaterial de la humanidad hemos querido publicar este pequeño trabajo, que si algo pone de manifiesto es el enorme peso que históricamente ha tenido esta producción en nuestro pueblo. Es más, a pesar de las dificultades, hoy en día se sigue manteniendo como una de nuestras principales actividades económicas y continúa resultando clave para el desarrollo local, por ello, nuestro reconocimiento y homenaje a quienes hicieron de la cultura del esparto su medio de vida y a quienes hoy la mantienen viva.  

Trabajadores en la industria del esparto durante los cincuenta. Fuente: Francisco Quesada a través del grupo “fotos para el recuerdo” de Facebook.

Cómo citar este documento
López Rodríguez, R. 1870-1970, Un siglo clave para el desarrollo local. Disponible en https://cabradelsantocristo.org/2019/06/14/1870-1970-un-sig…desarrollo-local/ 

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