Obras que perviven

Existen personajes históricos que despiertan nuestro interés, pero si han trascendido del ámbito local por su dedicación a los demás es para que nos sintamos orgullosos y ese es el caso de la Madre Marta de Jesús, quien siempre suscitó en mí una inquietud especial.

Mucho se ha escrito sobre este personaje, de manera que Lázaro Gila, Juan Cózar, o Manuel Amezcua nos han acercado a su figura y obra, descubriéndonos una historia de entrega y dedicación a los demás digna de ser novelada.

Para acercarnos a la verdadera dimensión de esta persona hemos situarnos en el momento y en su escenario vital. Intentemos imaginar aquellos años centrales del XVII, cuando el declive de la Corona Hispánica tenía su reflejo en la desesperanza de un pueblo que ya no creía en remedios terrenales. Eran los tiempos de las interminables luchas de aquellos tercios en centro-Europa, cuando miles de jóvenes españoles se batían en Flandes, o en cualquiera de los escenarios que formaban parte de lo que se dio en llamar “El Camino Español”. Cuando la Contrarreforma encontró en las Españas un bastión desde el que exportar ideas a todo el orbe por medio de aquellos paladines de la fe a los que no importaba encontrar la muerte predicando, intentando que no quedara lugar sobre la faz de la Tierra al que no llegara su verdad. Epidemias y hambrunas se prodigaban por doquier y aquel pueblo se refugiaba allí donde encontrara un resquicio la esperanza.

En pleno siglo XXI, la lucha por la igualdad de género sigue vigente, así que tratemos de imaginar cómo sería la vida para una mujer en aquellos tiempos. Máxime para una mujer comprometida que demostró sobradamente que para ella sólo tenía sentido vivir ayudando a los desfavorecidos. Seguramente por ello llegó a nuestro pueblo durante los años que sucedieron a aquel suceso por el que Cabrilla se terminó convirtiendo en una villa-santuario. 

Poco sabemos sobre su relación con las élites del momento más allá de su noble procedencia y de su habilidad para buscar limosnas allá donde tuviera que ir, ya fuera por los ásperos y polvorientos caminos de Mágina, ya en los bulliciosos puertos de Sevilla, Cádiz, o Sanlucar, o en los palacios de aquella nobleza a la que tan bien sabía buscar el lado caritativo. Priego de Córdoba fue su localidad natal, pero pronto se casó con un médico y marchó a Santa Fe (Granada), donde enviudaría y donde comenzaría a dedicar su vida a los desfavorecidos. La repercusión que en Granada tuvo la llegada a Cabrilla del lienzo del Cristo de Burgos seguro que despertó su interés y una vez que pisó nuestro pueblo ya no lo dejaría hasta sus últimos días. Aquí viviría y aquí terminaría fundando un hospital de peregrinos, con iglesia y capellán, y una escuela “donde se eduque y enseñe, además de a todos los niños que lo deseen, a seis niños pobres, de balde“.

Pero Marta no estuvo sola, pues fueron varias sus seguidoras, de manera destacada la sevillana Beatriz Jerónima de la Concepción, quien trabajó denodadamente en la obra del hospital de la Misericordia y quien terminaría haciendo las veces de hija cuando la vejez y la enfermedad se cebaron con el robusto cuerpo de Marta, así, cuando pasó la Navidad de 1665 partieron hacia Sevilla, llegando el día de Reyes de 1666 para fundar un hospital de mujeres, dándose la circunstancia que la primera enferma que ingresó fue la propia Marta, quien fallecería en 1669. Sevilla entera reconoció en un multitudinario funeral la valía de esta gran mujer y la noticia de su fallecimiento también produciría gran consternación en Cabrilla. Después de tanto tiempo, la memoria de esta mujer se mantenía en nuestro pueblo y “la Mamarta” seguiría presente en el imaginario colectivo, pero nada se conocía sobre su última obra después de su marcha.

Hay experiencias vitales que nos hacen crecer como personas, por eso, ahora que estamos a las puertas de la Navidad me viene a la memoria el día que descubrí que su obra permanecía viva en la ciudad donde habito, así que desde el año 2007, el hospital del Pozo Santo es un lugar donde los cabrileños que vivimos en Sevilla nos podemos acercar a otro de los lugares donde permanece vivo el espíritu de aquellas “dos piadosas mujeres naturales de Cabrilla” que justo ahora hace 353 años que abandonaron nuestro pueblo, no sin dejar todo bien atado para que su obra perviviera, para seguir dándolo todo por la especie humana.

Cabra del Santo Cristo, Agosto de 2008, las hermanas del hospital del Pozo Santo de Sevilla inauguran la calle “Madre Marta de Jesús”.

  • Cómo citar este documento
    López Rodríguez, R. Obras que perviven. https://cabradelsantocristo.org/2018/12/21/obras-que-perviven/
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